¿Cómo es el primer inodoro que funciona con hongos y que está diseñado para reemplazar a baños portátiles de conciertos y festivales?

A simple vista, la diferencia entre un baño químico y un baño que usa hongos es notable

El primer inodoro que usa hongos como parte de su funcionamiento ya está disponible y se perfila como una alternativa real a los tradicionales baños químicos que suelen encontrarse en festivales y conciertos. Con el nombre de MycoToilet, este proyecto ha sido desarrollado por investigadores de la Universidad de Columbia Británica (UBC) y busca transformar la experiencia de uso, eliminando los olores desagradables y reduciendo el impacto ambiental.

¿Cómo funciona el inodoro con micelio?

El sistema se apoya en el micelio, una red de filamentos de los hongos que actúa como descomponedor natural de la materia orgánica. Los residuos sólidos se separan y pasan a un compartimento cubierto con este material, donde los microorganismos inician un proceso de compostaje. Al mismo tiempo, los hongos absorben los compuestos que generan mal olor, evitando la necesidad de productos químicos, electricidad o consumo de agua.

Los responsables del diseño destacan que este modelo convierte los desechos en recursos útiles. De hecho, se estima que, en un año, cada uno podría generar más de 550 kg de compost y más de 1.800 kilos de fertilizante líquido. Estos subproductos ofrecen una alternativa sostenible frente a los fertilizantes industriales, contribuyendo a un uso más responsable de los recursos.

Un diseño sostenible y accesible

El MycoToilet no sólo se diferencia por la tecnología biológica que emplea, sino también por su estructura. Está construido con paneles de madera y un recubrimiento de cedro resistente a la humedad y con propiedades antimicrobianas. Incluye además un techo verde que favorece la integración en entornos naturales y un ventilador de bajo consumo que mantiene la ventilación constante.

Otra de sus ventajas es su carácter inclusivo, ya que el diseño es accesible para personas en silla de ruedas. Los investigadores subrayan que solo se requiere realizar cuatro revisiones de mantenimiento al año, lo que facilita su uso en comunidades con recursos limitados o en áreas de difícil acceso.

El arquitecto Joseph Dahmen, responsable del proyecto, afirmó: «Queríamos convertir una rutina diaria en una experiencia agradable que recordara nuestra conexión con los ciclos ecológicos». Por su parte, el microbiólogo Steven Hallam explicó: «Los hongos son muy buenos descomponiendo biomasa, incluidos los desechos humanos y animales. Producen enzimas que transforman el material en compuestos más simples y apoyan a comunidades microbianas que aceleran la descomposición».

Noticia publicada con información de El Confidencial

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